lunes, 12 de noviembre de 2007

JORGE JAVIER EXPLOTA Y REVELA EL INFIERNO QUE TUVO QUE VIVIR POR EL TOMATE(ENTREVISTA COMPLETA).



En la radio, mucho antes de que pisara un plató de televisión, era un hombre tímido, inseguro, muy responsable y trabajador, preocupado por su imagen y muy cariñoso. Tenía una risa abierta, franca y sonora; era inteligente, culto, pacífico y comentaba las noticias del corazón con mucha ironía y sentido del humor. Nada hacía pensar entonces que, unos años después, se convertiría en la bestia negra del famoseo ni que transmitiera tanta agresividad a través de la pequeña pantalla. No lo ha pasado nada bien. El repentino éxito del programa diario Aquí hay tomate pronto le pasó factura y así lo reconoce en esta entrevista en la que nos descubre su lado más sensible.


Jorge, ¿es usted buena gente?
¡Pues hija!, yo lo intento.

Tome distancia, ¿cómo ve a la prensa del corazón?
(Se toma su tiempo antes de contestar). Antes era una diversión, tenía un componente naf que me hacía mucha gracia y me sorprendía. Con los años se ha convertido en un trabajo con el que me lo sigo pasando muy bien y con el que me sigo sorprendiendo cada día que pasa.

¿Le gusta la forma en que se hace?
Hay cosas que no, no me gusta el acoso al personaje. Si pudiera, yo nunca emitiría escenas en las que una señora se baja del coche y desde lejos alguien le pregunta: '¡Oye!, ¿es verdad que vas a ir a la cárcel?'. Eso me parece algo terrorífico e innecesario; además, sabes perfectamente que no te va a contestar a eso.

¿Estoy hablando con el presentador de Aquí hay tomate?
Sí, y me siento fatal cuando veo esas cosas; eso a mí no me gusta. Ahora cualquiera con una videocámara puede ser un reportero. Sería ideal establecer un decálogo: no se pueden emitir imágenes obtenidas con móvil. Ni las obtenidas por gente que no sea profesional... A lo mejor es que estamos llegando a un punto en el que tenemos que plantearnos que hasta aquí hemos llegado y empezar a hacer las cosas de otra forma. Me gusta la prensa rosa cuando es divertida, irónica, cuando no hay mal rollo; pero cuando pasan esas cosas, no.

Me sorprende que lo diga, cuando el suyo es quizá el programa rosa más agresivo de la televisión.
Es verdad en ocasiones pero creo que prima la diversión sobre la agresividad. Es un programa irreverente porque sólo se puede hacer corazón siendo muy irreverente. Pero no acabo de entender esta continua justificación que tenemos que hacer los que trabajamos en prensa rosa y no los que escriben columnas en los periódicos.

Porque no es lo mismo informar sobre la vida privada de la gente y contar con quién se acuestan y con quién se levantan los famosos.
Pero si, encima, van ellos y te contestan y te dan explicaciones... Es cierto que cometemos errores, pero hay un desconocimiento muy profundo de cómo funciona este tipo de prensa.

Tiene que haber un límite entre lo público y lo privado, y lo privado debe ser consentido por su protagonista.
Si partimos de que la prensa rosa no interesa ni gusta, no entiendo la demanda y la audiencia de este programa. Estos mismos personajes que se sienten acosados utilizan sus propios mecanismos para aparecer y desaparecer cuando les conviene. Algunos hasta hacen montajes. Hay una utilización por ambas partes.

¿Manda muchos ramos de flores para que le perdonen?
Alguno hemos mandado, sí. Lo que ocurre es que nuestros redactores tratan las cosas con una valentía que a otros les falta.

¿Por ser tan valientes les prohíben la entrada en los sitios?
Eso es hasta maravilloso. Hace unos días me pareció genial que las pijas peliteñidas de los premios Telva no nos dejaran cubrir el evento. Pensé: '¡Menos mal! porque es que si ya nos dejan pasar ahí...'. ¡Ja, ja, ja! Me gustaría que el Tomate pasara a la historia como un programa más divertido que hiriente.

¿Qué implicación tiene en los contenidos de Aquí hay tomate?
Sólo soy uno de los presentadores. Carmen y yo apenas salimos unos minutos en el programa. Sólo hacemos comentarios a vídeos que nada tienen que ver con nosotros porque los redactores del programa trabajan con total libertad. Muchas veces me sorprendo con los vídeos que sacamos. Yo no busco noticias, no sé cotilleos, no me entero de nada.

¿Entiende que si después de poner un vídeo tremendo usted hace un comentario le identifiquen con el vídeo?
Yo no soy el director del programa ni el que hace los guiones ni el que sale a la calle. Sólo soy un presentador. Sólo pueden responsabilizarme de lo que yo digo.

Si pudiera influir en los contenidos del Tomate, ¿lo haría?
No lo sé. Lo que sí te digo es que, con los años, he perdido mucho atrevimiento.

¿Me va a intentar convencer de que es usted tímido y pacato?
Tanto no, pero he perdido mucha agresividad.

Sin embargo, para muchos es usted la bestia negra de la prensa del corazón.
Sí, y me afecta. He pasado por varias etapas en este programa. Al principio la audiencia te da una impunidad enorme y no escuchas nada. Piensas que te respalda tantísima gente que vas por el buen camino. No te afectan nada las críticas. Luego pasé una segunda etapa en la que me afectaba todo muchísimo. Me cuestionaba todo lo que hacía, pasé una crisis, la autoestima se me fue al suelo porque recibía continuos ataques de la gente.

¿Tanto le afectó?
¡Claro! Quien diga que eso no le afecta, miente. Viví una etapa tremenda, la gente decía que ojalá me hicieran a mí todo lo que les estábamos haciendo a los famosos en el Tomate. Pues bien, que estén tranquilos porque ese componente de sufrimiento ya lo he tenido. Que nadie se piense que me voy de aquí de rositas, porque a mí me han dado todas esas bofetadas y, ¡ojo!, sé que me las han dado por todos los lados y bien dadas por méritos propios.

¿No pensó en dejar de hacer el programa?
Sí, sí, pensé incluso en dejar la televisión para siempre. La inquietud que yo tenía se reflejaba en la calle; escuchaba de todo, de hijo de puta para arriba. Despertaba en los demás tanta agresividad que incluso llegué a temer por mi integridad física. No me apetecía ni salir de casa. Muchas veces oí: 'Ahí va el imbécil del Tomate'.

¿Y cómo se supera eso sin dejar el programa?
Tuve que sacar pecho para poder seguir, tomar distancia de las cosas, templarme un poco y ver que la audiencia me seguía. Poco a poco volví a disfrutar con mi trabajo de una manera más sana. Y en esta etapa estoy. Mi cuota de sufrimiento ya está bien cargadita y ahora ya no estoy dispuesto a que vaya a más.

¿En qué ha cambiado?
Mi nivel de agresividad se ha rebajado muchísimo, ahora estoy más tranquilo y con este cambio me siento genial y se lo transmito a la gente y recibo su cariño.

¿A lo mejor es que ha dejado de leer a sus críticos?
Ellos no notan el cambio porque son estrechos de miras; les da igual lo que haga porque van a seguir poniéndome fatal. Me gustaría que hicieran el ejercicio de analizar exclusivamente los comentarios que yo hago porque, además, no salgo más de cuatro o cinco minutos en cada programa.

Así que estoy ante un hombre renovado.
Ahora trabajo con mucha más profundidad, disfrutando un producto que ha calado mucho en la gente porque hemos hecho historia. Para mí es un orgullo trabajar en un programa así, pese a quien pese y duela a quien duela.

¿Está bien pagado?
Sí, sí; pero sobre todo me considero bien cuidado. Aunque parezca inmoral decirlo, hace seis años dejé un programa en el que ganaba muchísimo y trabajaba poquísimo porque no estaba contento, porque no me sorprendía, era rutinario, no me sentía vivo, me había convertido en un funcionario y no quiero serlo.

¿Es difícil vivir con usted?
¡Qué va! Es una fiesta continua. Aunque yo siempre he dicho que nunca estaría con un hombre que saliera en la tele.

Y una última pregunta muy tomatera: ¿está enamorado de alguien, tiene novio?
Ja, ja, ja, ja, ja.

LA GUIA TV.

No hay comentarios:

Publicar un comentario